Diez árboles han sido talados en la avenida Tiradentes, nueve framboyanes talados y una jabilla americana truncados para siempre, ya no más. No volveremos a verlos florecidos aun en otoño, compitiendo con el sol, con ese resplandor de un rojo tan vivo adherido a la acera. Ya no disfrutaremos al pasar de las sombras de sus abovedados techos, y no serán más motivo de ninguna emoción, ¡Que pena! Que en un mundo donde los desiertos avanzan y la contaminación se apodera de esta ciudad haya quines eso les importe un bledo.
¡Pero que es esto! ¿Santo Domingo de nuevo bajo frío? A la naturaleza se le ha pasado la mano, a este territorio submarino no le sienta bien el frío, prefiere mas el sol, somos caribe, arena y mar, embrujo del palmar y de las entrañas del ámbar. Pero ¿Qué hacer? Al pan, pan y al vino, vino, aprovechemos este natural desatino y volvamos al armario, al baúl o al ropero, saquemos de la maleta ese recién guardado abrigo que ruge por salir a entibiar nuestras anatomías.
Y eso es todo, a lo Mir, mis queridos bohemios locos, no quiero más que romper con la rutina y en un bar de cualquier esquina, en la mano una libreta, una pluma, una copa y una careta, sentarme a recordar cuantas veces al pasar sentí las tiernas llamaradas, de los nueve framboyanes y de una jabilla americana, y que en la fronda de sus ramas mi alma encontró cama y mido mi imaginación; beberé para olvidar o talvez para recordar, con lagrimas en mi cara, lo que contemplé aquella mañana cuando pasé por aquel lugar…
A donde irán las almas de los árboles
A cual cielo irán a parar
Que medico legista
Levantara los cadáveres
Les hará las autopsias
Y que madre o cual hermana
Llorará de tristeza
Y elevara una plegaria
Por las almas de aquellos
Que no volverán
Quien en una fría mañana
Les colocará flores frescas
Quien dirá el panegírico
Resaltando por ejemplo:
´´Aquí yacen tendidos
Los despojos abatidos
Por el hacha de un leñador
Que sin el menor rencor
Taló sin remordimientos
La gracia y el movimiento
De aquellos que el viento
Hacia danzar
Alegrando los que al pasar
Escuchaban trinar
Las aves en su nidal
¡Que triste final!
Para aquellas llamaradas
Con que nuestros camaradas
Competían con el sol
Rojas y verdes cual tornasol
Engalanaban la esquina
Y que solo la inquina
Derribó hace una semana
Nueve framboyanes y una jabilla americana’’. 11:05 AM Ransés, invierno, viernes 6 de marzo del 2009