Hoy los cielos de Quisqueya se han vestido de un traje plomizo, como un soldadito de hojalata dispuesto a desgranarse en manojos de migas perláticas, dispuestas a rehumedecer lo humedecido, de llover lo llovido, de ahogar lo ahogado, de mojar lo mojado, de fertilizar lo fertilizado, porque los designios del cielo para Santo Domingo son esos, ya yo os lo he dicho. Oriundo del mismo fondo del océano somos una raza ultramarina, embadurnados de madreperlas y conchas caracoleras que a fuerza de arrebatarle a la Luna sus fragmentos y acrisolarlos en la historia lo trocamos en machetes, y golpe a golpe fuimos forjándonos en la locura pero siempre humedecidos de patriotismo y lo contrario. Por eso, al contemplar el cielo y el impávido termitero, sentado en esta platea de la vida, antesala de la fiesta patria, quiero dejar como fiel testimonio, a mis locos bohemios, varios jirones de amor por mi Quisqueya…
…y si acaso dudáis por un instante de mi amor por ella, abridme el corazón y allí la encontrareis dentro…
Amada, si alguna vez me ves como distante
si mis ojos absortos no se posan
en tu cara primorosa
No temas, no es nada importante
son recuerdos tuyos que retozan
en mi mente añosa
Amada, si al despuntar la mañana
No me ves en la cama junto a ti
No te espantes, no comas ansias
Solo he ido a la ventana
A contemplar desde allí
Lo hermosa que te ves a la distancia.. Ransés 11:41 AM invierno 26 de febrero 2009