¡De todo pasa en este país! Mientras me dirigía a la máquina del sustento, viendo como los celestiales termiteros (edificios), algo estragados por el peso de la crisis, la alegría citadina (por los recientes y cristalinos besos dados por las ninfas níveas), el “homo erectus” que me transportaba me desabordó en la Ave. Tiradentes con Ave. Kennedy, plagada por ortópteros acrídidos tocados con sus hermosas escarcelas o cofias verdes oscuras, cual Rangers de Texas tropicalizados, uno de estos nigromantes de las infracciones del transito le dijo a mi joven conductor: ¡Estás Pirateando! A lo cual responde el mancebo: ¿Me han pagado ustedes aun? Es cuando me entero entonces que el chofer del vehiculo privado, trasmutado en público por obra y gracia de la complicidad, también pertenece a la familia de dichos acrídidos (Policías Metropolitanos), ¡Que país éste! Ajajajaja…
Hechos recién conmemorados, del mes que
recién ha pasado, de esos abriles que aun perturban la memoria de tantos y que llenan de orgullo a otros más, nos ponen a reflexionar: Abriles de primavera donde las mozas y las flores abren sus
pétalos al mundo para reconfirmarnos la bondad de Dios; Abril del 65 donde buenos hijos con sus machetes celestes desbrozaron las arteras espinas de la traición (y las del intruso con sus 45 mil
alcaudones [Lanius ludovicianus]
vestidos cual blancas palomas “de nudosos pañuelos”)
desde la cabecera “Del Puente” de la dignidad hasta el litoral mismo del Caribe tempestuoso, hermosa epopeya nuestra, ¡Que mejor cantarla que vivirla!, ¡No me pidáis que os la cuente! (como dulce
abuelo con sus nietos sobre el regazo). No, ¡Os llenaríais de espanto!; Abril del 84, viles mentira de “Manos Limpias” desbordaron la indignación de un humilde pueblo; y fue la calle, el fuego y
la masacre el escenario, y fue el dolor, la risa y los disparos en manguera: un solo resultado: El Luto.
Bueno, hoy también se conmemora, la tragedia de Chicago: (El primero de mayo de 1886, Albert Parsons, líder de la organización laboral “Caballeros del Trabajo de Chicago”, dirigió una manifestación de 80 mil trabajadores a través de las calles de Chicago,) en reclamo por el establecimiento de la jornada de las 8 horas de la cual disfrutamos hoy, la barbarie encontró su nido ese día, y la carne obrera fue flagelada y masacrada.
Bueno mis queridos locos bohemios y para rematar el H1N1, nada de besos, ni abrazos, mucho menos bailecitos, todos en casita este fin de semana largo: para que “Dios nos agarre confesados”. Cuídense. Adiós