Con algo más de 1200 hombres llegó

Llegó en 14 carabelas
En dos naos llegó
Llegó con plantas y animales extraños
Cargado de deudas llegó
Llegó risueño y feliz
Con hambre y con sed llegó
Llegó con la vieja España acuesta
que hambrienta y sedienta llegó
Llegó a comer y beberse el oro
Con sus invitados a celebrar en La Natividad llegó.
Pero tan solo encontró las ruinas
y a toda su guarnición reseca y colgada
por ordenes de Caonabo
y sus temibles guerreros
después que esos dioses barbudos y blancos
les ultrajasen sus mujeres.
Anduvo por todos los valles
Por todas las lomas anduvo
Anduvo por todas las islas
Con sus invitados anduvo
Y no encontró ni el oro
ni el continente encontró
a pesar que estuvo a su lado
en la ribera de Margarita
E hizo jurar a su gente
que en Cuba sus costas vio
Enfrentó a los acompañantes
con hambre y sed de oro.
Enfrentó a los nativos
cansados de saciar la sed
de mitigar el hambre cansados
de aquellos hombres extraños
que no comían cazabi
ni yuca, ni maíz
ni mapueyes, ni caimitos
ni mucho menos ni el agua ni el coco
Tan solo comían y bebían oro
que les traía locos
Que andaban demasiados cubiertos
a pesar del intenso calor
Con una cruz en el pecho
y otra en el brazo derecho
imponían del Cristo la redención
los tributos y contribución
embarcando seiscientos de ellos.
Lo amargo de esta historia
no fue la ambición
con que llego El Descubridor
si no la desolación y el dolor
la muerte y la explotación
que acabó con estos nativos
cuando todo comenzó
en una dulce mañana de Otoño. Ransés 10:20 AM Otoño 27 de Noviembre 2008
(Tristes efemérides recordatorias del segundo viaje del Gran Almirante)